Poema de turno.
Llorando del aire,
tornando un sentimiento
de las brisas suspiradas
en corriente de viento,
arañando la tierra
robada del espacio muerto,
que ni gloria ni desidias
me tiran encima del cuerpo,
me encuentro sobre la llama
que apagando de momento
las fuertes dudas del alma,
arde sin parar, eliminando las desgracias.
Sólo un lenguaje que sin letras
se adentra en el pensamiento,
llega entonces a buen puerto.
Sólo una bocanada de aire fresco,
que alivia y no amedrenta,
podrá romper el embrujo
del tormento de una senda.
Al filo de lo imposible
me hallo de nuevo pensando:
En el costado de las penas
lloran entonces los temores
de mil horas de espera…
de mil horas de espera por mil caminos perdidos.
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