“TI-TIRI-TIT”, pitaba el reloj de pulsera; quería decirle a su dueño que eran las 2 de la mañana, pero él sabía que todavía quedaban 5 minutos. (Llevaba un ligero adelantamiento sobre todos sus horarios, en respuesta al temor, siempre presente, de tardar demasiado o de llegar tarde) Se bebió de un asalto el licor café que quedaba en la copa, y avanzó hacia el armario en busca de su tabardo de cuero, mientras encendía el cigarrillo de tabaco negro de Virginia que se lió durante aquella excelente interpretación de “Blue Moon” a la que estuvo agradecido de asistir en aquella sala, casi como todas las actuaciones que allí tenían lugar, que si bien eran pocas, quizá para otros serían demasiadas.
Mientras caminaba medio a ciegas buscando la salida de aquella sala de jazz, Se le podía haber venido a la cabeza la fecha actual, pero prefirió suponerla, cayendo en el error de creer que vivía en el 17 de Enero.
-”Demonios, los 90 se nos están haciendo demasiado largos, ¿eh, Mirco?”-Le dijo al portero que le sostenía la puerta, aguardando semi-impaciente la salida de aquel hombre, pues el Invierno se estaba haciendo muy duro en aquella región de la Calénica occidental.
-”TRRRJJEEMMMM”- Tosió -”Supongo que sí”
Nuestro hombre se dirigió a la calle, despidiéndose de Mirco… Cuando de pronto fue sacudido impíamente por una ráfaga de viento y nieve que le recordó a su juventud en las montañas, cuando todavía no se había perdido todo… Comenzó a pensar en política, y en la larga sucesión de cosas que le habían hecho silenciarse a sí mismo, a sus ideas, su libertad… Tampoco quería pensar demasiado, porque acabaría incurriendo en alguna acción que podría ser considerada en contra de los intereses de la “madre nación”.
Comenzó a pensar en su antigua familia e hijos, no podía evitarlo, pues, podría ser la última vez que lo hiciese. El paso aparentemente inerte que mantenía sobre la calzada, era el perfecto adorno para una noche sempiterna como aquella.Primero un pie, y una tormenta de pensamientos se le venía encima. Luego el otro pie, y decidió echarse a correr, o de lo contrario no llegaría a tiempo. Tanta precaución era lógica, al tener en cuenta que por llegar 5 minutos tarde a su chequeo diario le habían retirado lo derechos sanitarios. Siempre llegaba a tarde a todo, pero esta vez no iba a ser así.
La luna brillaba, coronando el cielo como nunca, espléndida en su cénit, y el hombre que corría aceleradamente bajo ella, ni siquiera se dió cuenta de su belleza… sólo podía pensar en el rostro carbonizado de su hijo, el cual había sido “reclutado” a la edad de 14 años, de entre los miembros del ejército que se mostraban disidentes con respecto al régimen, para probar una nueva droga que se suponía que iba a darnos la victoria en el frente de Albión.
“Llegó la hora”- Se dijo el caminante, cuando alcanzó a ver la enorme masa de personas que se agolpaban ante la gran alfombra roja que estaba a la entrada del “Novus Ordo Seclorum”, el edificio elegido para la gala de entrega de premios al servicio de la nación…
Corrió entre la multitud, hasta conseguir hacerse con un sitio en primera fila, tras las vallas de seguridad. Cuando el Generalísimo de todos los ejércitos hizo aparición, gritó como los demás, para conseguir un autógrafo. Sólo cuando el dictador estuvo lo suficientemente cerca, hizo estallar los 20 kilos de trinamitrón que llevaba encima. Primero vino el color blanco. Luego vió a su familia, esperándolo. Lo último que sintió fue la nada.
Amse.